jueves, 13 de octubre de 2011

Choque de reinos

¡Hola estimados lectores!

Hace mucho que no escribo por aquí. Ya se sabe, vacaciones, viajes, obligaciones laborales y académicas... todas esas cosas tan cansinas y mundanas. En fin, que de rol nada de nada, como es habitual en un servidor, así que otra vez a la rueda, otra vez a empezar, otra vez a opinar, otra vez a escribir sesgada y desinformadamente, otra vez a hablar de lo que me parezca, eso sí, enlazándolo con el rol como buenamente pueda.

¿Y hoy qué hay de menú? Bueno, pues hoy toca el tema de viajes, ya que en las últimas semanas me visto en la dicha de tener que viajar, tanto como profesional como turista, y, ya se sabe, "cosas veredes, amigo Sancho". Tranquilos. no os voy a contar con pelos y señales mis andanzas por Españaza y parte del extranjero, sólo señalar algunas cosas que resultan curiosas, que todos los que han ido algo por ahí han conocido, pero que luego roleramente olvidan y eso es el cambio de cultura de una zona a otra. No me refiero a que varíe el traje regional, que también, me refiero a algunas pequeñas cosas u otras más llamativas. Valgan para ello unas preguntas: en tu pueblo cuando vas de vermús ¿te invita la casa a un pincho o pagas por él?, ¿qué sistema de juego emplean los futbolines?, ¿pagas por emplear el excusado del local hostelero del que eres cliente?, ¿la gente es hosca y taciturna o alegre y guasona?, ¿a qué hora se come?...

Hace un par de semanas me tocó visitar una zona de influencia anglosajona. No veas lo que nos costaba a los españoles adaptarnos a los horarios. A las doce de la mañana le decías a uno good morning y te decía que qué morning ni qué hostias, que era afternoon, ante lo cual le respondías que sorry, que eras del sur y eso no era para tí. Al ir a comer, a eso de las tres y mucho, te daban a escoger entre la carta de lunch y la de dinner, que ya iba a empezar su horario, y cuando llegabas a la zona de marcha, a eso de la medianoche, pues ya estaba todo el pescado vendido. Vamos, que o te acoplabas o ibas jodido. Todo esto que he contado es de sobras conocido, el caso es que cuando jugamos al rol ignoramos este hecho casi siempre, y pongo el casi por si salta alguno con el "yo no", y hablamos de sociedades distintas, que ya tiene su cachondeo el humano que habla todos los idiomas élficos a la perfección y conoce su cultura de cabo a rabo. Los personajes de muchos juegos dan la impresión de ser de un culto y políglota que roza el ridículo, por ejemplo el MERP, que lo mismo hablas quenya que lengua negra que wayldith (que viene a ser algo así como el silbo gomero pero a lo burro). Por supuesto, no es ya que se sepan el idioma, sino que se integran en las poblaciones con una gracia y un salero que se diría que son del lugar de toda la vida. Esas diferencias también se deberían resaltar en un marco geográfico menor, esto es, dentro de un país. Hace nada estuve por unas tierras que en la frontera guardan algo de parecido con aquéllas en las que habito, pero unos kilómetros más allá la cosa cambia que no veas, ¡ay amigo, qué gente más dura! ¡pero dura de verdad! Ni dan las gracias ni esperan que se las den, hacen lo que tienen que hacer y punto, una verdadera dulzura de gente. Nada que ver con sus bulliciosos vecinos de un lado, los melancólicos de otro, los chulos de otro más... Eso sí, los más ancianos tenían pocas arrugas.

Es cierto que trabajar en esas facetas es un auténtico coñazo para el máster y probablemente su esfuerzo no sea suficientemente valorado por los jugadores y/o pueden suponer una traba considerable para el desarrollo de la partida, pero oiga, no tiene que ser todo yo llego, mato y me voy (y si puedo, me fumo un joy). ¿Qué opináis al respecto? ¿Os complicais la vida o vais al grano directamente?

Y por último, una foto de mis viajes, claro:

En un lateral del hotel New York de Rotterdam
Publicar un comentario en la entrada