jueves, 20 de octubre de 2016

Alta Traición



Recuperamos desde nuestro blog hermano "La tarde de los viernes" una serie de textos que ha publicado nuestra compañero Manuel y que son al semilla de una ambientación que tiene en la cabeza y en la que esta trabajando poco a poco. Aunque por lo que nos comenta aun tiene mucho trabajo por delante y no solo en el trasfondo del mundo sino incluso en que sistema de juego le gustaría reflejarlo ya que dependiendo del mismo pueden cambiar muchas cosas (mortandad, magia mas o menos poderosa, estilo simulacionista o mas narrativo,...). En un principio el pensaba en el Rolemaster pero le hemos hecho cambiar de idea y ahora esta leyéndose el Fantasy Age (que a mi no me acaba de convencer del todo pero por lo menos es mas dinámico y menos farragoso).

Sin mas os dejo con el primero de los relatos:

Alta Traición

No empezaba como tenía previsto aquella fría mañana de finales de otoño, lo que parecía ser una simple jornada de espera, de repente, se había convertido en todo un inmenso movimiento de tropas con el fin de tomar aquella maldita elevación.

Sensa Tördenth había recibido la orden de levantar temprano a sus hombres y avanzar hacia el enemigo con las primeras luces del alba. "Un sin sentido" pensaba para sus adentros, los refuerzos estaban a dos días, siendo ya superiores en número lo único que les privaba de una victoria segura era la simple situación táctica de su enemigo, que por lo alto de su posición les había tomado ventaja. Nada que no se pudiera solventar esperando pacientemente las tropas venidas del Este, con lo que triplicarían a su adversario.

No, aquello no podía salir bien, se seguía diciendo, sería una carnicería. Ya sólo para llegar a chocar con el frente de las tropas rivales tendrían que soportar una inmensa lluvia de proyectiles de todo tipo, flechas, jabalinas, piedras,... Las bajas serían innumerables, para luego enfrentarse no a una "Miserable banda de campesinos armados con palos" si no a un ejercito formado y adiestrado en el "noble" arte de la guerra. Bércingar, jefe del clan de los Grandes Bosques había reunido a todas sus huestes para detener nuestro avance en aquel punto, flanqueado por densos bosques donde nuestra caballería era inútil y, con un frente relativamente estrecho. No, no eran tan "bárbaros con el sentido táctico de un cerdo".

A sus 55 años se empezaba a sentir mayor para estas cosas, durante más de 20 había ocupado siempre el mismo lugar en la formación, en primera fila, el último a la derecha, el flanco más débil donde sólo los más diestros sobreviven. Desde allí avanzó con sus hombres, en perfecta formación hasta estar al alcance de los proyectiles enemigos, en ese punto y hasta arriba sobrevino el infierno, gritos, sangre, sudor, orines,... Cubriéndose con el escudo avanzó todo lo rápido que su pesado equipo, el blando terreno, la pendiente y el miedo le permitían. Cuando llegó a lo alto, jadeante, exhausto y una vez sobrepasadas las sorprendidas primeras filas de arqueros e infantería ligera, miró a su alrededor y a voz en grito formó a su tropa, no en mucho mejor estado que él, pero dispuestos para entablar duro combate.

El choque de fuerzas fue brutal, intenso, dramático, pero poco a poco, hombre a hombre fueron diezmando a sus adversarios hasta que finalmente y en un breve espacio de tiempo el frente rival cedió por el centro. "Demasiado fácil" se dijo, a una orden suya su segundo en la línea le sustituyó en el combate, necesitaba observar que estaba sucediendo, se fijó en que la profundidad de las líneas rivales no iba más allá de 5 hombres, eso presentaba un frente débil susceptible de ser derrotado de manera sencilla pero "¿Por qué?", un mal presentimiento recorrió su cuerpo. Necesitaba más visión y retrocedió un poco, vio un montón de cadáveres a unos metros y los usó de atalaya desde donde otear. Todo cobró sentido entonces, su formación se estaba combando por el centro penetrando en las filas enemigas que ahora se abrían, para acometer un nuevo choque de fuerzas, pero esta vez contra la fresca y descansada infantería pesada de Bércingar; y por las alas, nuevas tropas surgían al amparo de los bosques. La situación se tornó clara en su mente y ordenó replegarse, aquella mañana no tomarían aquel enclave, no sacrificaría a sus hombres en vano, ni perdería la ventaja numérica que impediría a su rival salir a campo abierto a perseguirles y aniquilarles.

Finalmente, al atardecer, con el último de sus hombres llegaba al campamento. No tuvo tiempo de pasar revista a sus soldados, la guardia personal de su Señor lo escoltó a su presencia sin apenas tomar resuello. Herido, ensangrentado se personaba ante él, 30 años más joven y recién nombrado por su padre líder de esta campaña.

Esa mañana eran hallados en su tienda los cuerpos sin vida del joven Señor, heredero de la Casa de Madera de Stikgar y, cuatro de sus guardias personales, con evidentes signos de violencia. De Sensa Tördenth nada se sabe desde entonces.
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