jueves, 14 de octubre de 2010

Tute de Monstruos


Nunca me gustó Wizards of the Coast. No por comprarse TSR, sino porque me parecía un nombre chorras para una empresa, aunque fuera de juegos. La primera vez que supe de ellos fue cuando sacaron su versión de Ars Magica, juego que será recordado por las gesticulaciones de los jugadores a la hora de lanzar hechizos y poco más. La segunda fue por las celebérrimas cartas de Magic.

El primer contacto con Magic, the Gathering fue en el otoño del 94. El centro neurálgico del rollo rolero era El Vikingo, una cafetería que ni se llamaba así ni tenía una decoración que evocase mínimamente a lo nórdico, ni siquiera una malo foto de una sueca en cueros. Ahí estábamos unos cuantos bebiendo café y fumando como carreteros, cuando aparece un coleguita, pongamos que se llamaba Alex, con dos mazos de Magic. Los seis que estábamos nos pusimos a intentar jugar y, bueno, la cosa no fue muy bien, aunque nos pareció simpático eso del Tute de Monstruos, aunque un poco tonto. Fue un episodio anecdótico, pero al poco empezó a aparecer gente con mazos, con sobres, con todo, dispuestos a darle al vicio como condenados, cuando aquellas cartas eran algo caro, mil y algo pelas un mazo y unas trescientas el sobre. El tendero las promocionaba, las revistas también y todo el mundo enganchado de mala manera.

El comportamiento era muy yonki y algunos lo aprovechamos. Yo me pillé en su día un mazo y dos sobres. A la semana estaban vendidos por unas dos mil quinientas pelas, lo que significaba una rentabilidad de cerca del 50%, ¡aprended, especuladores! De todos modos era un pardillo, comparando con los valores de cotización de la URZA, que eran enormes, algo impensable e irrealizable que a lo mejor un yanki forrao podía asumir, pero no un chaval de este país, a no ser que fuera familia de Amancio Ortega. Estaba convencido de que era una de las mayores tangadas de la historia. ¿De qué sirve tener unas cartas que dice una publicación que valen mucho? ¿Quién coño publica eso y de dónde saca ese precio? ¿Cómo se forma ese precio? ¿Obedece a variables como la estupidez y el tiempo de ocio? ¿No os suena un poco a Forum Filatélico o Afinsa? Claro, no conocía a nadie que fuese capaz de realizar esos activos a ese valor, esto es, vender las cartas al precio fijado en la revista. Al poco tiempo la mayoría de los que estábamos en el mundillo lo fuimos abandonando con mayor o menor suerte, algunos ganamos dinero y otros se limitaron a guardar las cartas en el desván.



Un tiempo más tarde, a finales del 96, muchos de nosotros estábamos residiendo en cierta ciudad universitaria del noroeste peninsular e intentábamos llevar la vida más licenciosa posible. El problema, cómo no, era el dinero, la grasa que permite moverse a la máquina del mundo, y eso escaseaba. Fue entonces cuando descubrí la grandeza del Magic. ¿Cómo puede ser grande un puto juego para anormales? A ello vamos ahora.

Una noche de jarana un colega, que pensaba que estaba pelao, me estuvo invitando a copas toda la noche. Llegado a cierto punto le tuve que preguntar:

- Oye, ¿estás vendiendo costo o farla?

- Que va, invita el Magic - me dice el tío todo ufano. Entonces el fulano me explica que sus colegas roleros han abandonado ese vicio y que a él le han dado todas las cartas, las cuales vende ¡a precio de cotización de la URZA! ¡El amiguete con ello se subvencionaba el alquiler de la habitación, el papeo, los gastos de transporte y la jarana!

- O muchas vendes o muy imbéciles son tus clientes - le dije pensando que me estaba puteando.

- ¡No, hombre, no! Lo que pasa es que les vendo a los pibes psicópatas.

- ¡¿Cómo?!

- Sí, chavales viciados de 12-16 años, que se pulen la asignación o los regalos de cumple en cartitas. Y están más que conformes en pagar lo que marca la URZA, aunque a veces cambio cartas. Intento saber qué es lo que quiere cada uno y (sangrarlo a gusto) satisfacer su necesidad. Eso sí, se paga al contado.

¡Hay que joderse! ¡Un puto genio el colega! Un auténtico luchador del bienestar social, dispuesto a satisfacer la necesidad del drogata consumidor. En ese momento me dio un ataque de risa y el cubata me salió por las narices. Daba gusto ver a alguien lo suficientemente espabilado para servirse sin repararos su pedazo de pastel. Por supuesto, no fue esa la última vez que bebimos gracias a las cartas.

Es hoy el día en que todavía admiro la capacidad que tuvo para aprovecharse de la estupidez ajena. Toda una lección para la vida.
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