lunes, 21 de febrero de 2011

Matices

Está claro que el conocimiento del lenguaje es fundamental, más aún si se trata del propio idioma. Y así nos encontramos con matices que hacen que el encuentro pueda resolverse de una manera u otra. Analicemos ahora el encuentro con tres personajes muy parecidos, a saber:


a) Encuentro con un esbirro abyecto.

En nuestra maravillosa lengua abyecto significa despreciable, vil en extremo y un esbirro es un secuaz a sueldo o movido por interés.


b) Encuentro con un vil secuaz a secas.

Vil es despreciable, torpe, infame, indigno o persona que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone, mientras que secuaz es el que sigue el partido, doctrina u opinión de otro.


c) Encuentro con un sicario rastrero.

Un sicario es un asesino asalariado y rastrero es, en este sentido, vil y despreciable.


Nos encontramos que en los calificativos son sinónimos, pero que los sustantivos tienen matices que los hacen distintos. El esbirro se mueve por el dinero, al igual que el sicario, o bien por interés, mientras que en el caso del secuaz no se conoce su motivación, pudiendo ser el dinero, su interés, su fe o lo que sea. Esto supone que es preferible de buenas a primeras topar con un esbirro, que siempre se puede sobornar, incluso con un sicario, si bien su buen nombre depende del éxito de su trabajo. El secuaz ya es más peliagudo, igual es un integrista que no atiende al poder negociador de la otra parte.


Por otra parte siempre nos queda el pérfido lacayo, que este es harina de otro costal: pérfido es desleal, infiel, traidor, que falta a la fe que debe, y lacayo es un criado o subordinado, y como adjetivo también es rastrero. Así, el pérfido lacayo es siempre susceptible de ser comprado por los PJ’s.

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